Una Institución con Historia


Orígenes


En Noches del Baratillo, cada relato que compartimos, cada verso que recitamos, y cada evento que organizamos, lleva consigo el eco de una Sevilla profunda y eterna. Nuestro nombre no es una elección casual; es un homenaje, una inmersión en la mismísima alma de la ciudad que nos vio nacer y que inspira cada una de nuestras noches. Hoy, en «Una entidad con Historia», desvelamos el auténtico origen del «Baratillo» que lleva nuestro título.


Cuando escuchamos «Baratillo» en Sevilla, enclavado en el barrio del Arenal y acariciado por el río, la mente popular podría evocar la idea de precios bajos, de gangas y bullicio. Pero para Noches del Baratillo, y para la historia que nos define, el significado es mucho más sombrío y, a la vez, profundamente conmovedor. No, nuestro «Baratillo» no proviene de «barato».

El alma de nuestro nombre se entrelaza con la Hermandad de la Santa Cruz del Baratillo, con sede en el Arenal. La historia de esta denominación nos transporta a uno de los capítulos más desoladores de Sevilla: la terrible epidemia de peste de 1649. Fue una época que diezmó a la población y dejó una huella imborrable en el espíritu de la ciudad.

En las inmediaciones de lo que hoy es este vibrante barrio, existió una zona conocida como el Monte del Baratillo. Este lugar, cargado de un dolor silencioso, se convirtió en un sitio de enterramiento masivo para las innumerables víctimas de aquella plaga devastadora. Fue un campo santo improvisado, un testigo mudo de la fragilidad de la vida.

Para honrar a quienes allí yacían y elevar una oración por sus almas, se erigió una humilde, pero poderosa, cruz de hierro forjado sobre un pedestal de ladrillos. Esta cruz, un humilladero, se convirtió en un foco de devoción popular. La fe de la gente, ante la adversidad, floreció en torno a este símbolo, dando origen, a finales del siglo XVII (hacia 1693), a la Hermandad de la Santa Cruz del Baratillo.


Así, el nombre «Baratillo», el mismo que da vida a nuestras Noches del Baratillo, emana de este «Monte del Baratillo». Es un lugar de luto y de devoción, un recordatorio perenne de la gran tragedia de la peste. Es un nombre que encierra un trasfondo histórico y religioso profundo, un lazo indisoluble con la memoria de aquellos que perecieron en el Arenal durante una de las peores crisis que Sevilla ha conocido.


Para nosotros, en Noches del Baratillo, este origen es mucho más que una curiosidad histórica; es un verdadero faro que ilumina nuestro camino. Nos recuerda que la cultura y la literatura no solo celebran la belleza en sus múltiples formas, sino que también tienen la profunda misión de honrar la memoria, de narrar las cicatrices de la historia y de dar voz a las incontables historias que, capa sobre capa, han forjado nuestra identidad.


Cada jueves, cada vez que «encendemos» una de nuestras noches en el Café Hijón, cada vez que compartimos una lectura, una tertulia o un encuentro, no solo estamos creando un momento presente; estamos, de hecho, tejiendo de forma consciente el pasado con el presente a través del poder inmutable de la palabra. Este legado, con su profunda carga de resiliencia y devoción, es el corazón latente de Noches del Baratillo.


Porque, en cada velada, en cada voz que resuena en nuestros encuentros, confirmamos que la poesía que nos une es verso, fuerza y camino. Es el verso que hilvana el recuerdo con la esperanza, la fuerza que nace de la verdad de nuestra historia, y el camino que seguimos construyendo juntos, noche tras noche, inspirados por el alma inquebrantable de Sevilla.

Bibliografía Consultada:

Historia de Sevilla, de Diego Ortiz de Zúñiga
Anales Eclesiásticos y Seculares de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Sevilla, de José Gómez de Arteche.
La Gran Peste de Sevilla, 1649 (varios autores).



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